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miércoles, 23 de febrero de 2011

Las palabras no sirven, son palabras

Y tú, ¿de qué tienes miedo?
Ella se detuvo al borde del lago, donde yacían los cadáveres verduzcos de los cisnes. Una estela de sangre -rubíes de cielo- dibujaba un camino de agonías entre sus huesos helados y arrancaba sus últimas plumas. Temblaba la nota más aguda de un violín -las estepas azules- en el aire y temblaban también las lágrimas entre helechos quemados.
Y tú, ¿de qué tienes miedo?
Caminó uno, dos, tres pasos. El hielo bajo sus pies era tan delgado que permitía observar con inaudita claridad el fondo de las aguas, donde flotaban nervios de gasolina ardiente y el aire era amarillo, sujeto y objeto de una burbuja defenestrada. Ella resbaló. Calló, silenciando así su caída. Y los cisnes se estremecieron un segundo, muertos, con las gargantas abiertas de temor y de llamas.
Y tú, ¿de qué tienes miedo?
Ella vino a mí y se miró en mi reflejo pálido. Extendió la mano y me tocó. Una vez. Y otra. Y otra más. Me dijo: "Te odio". Le dije: "Lo mismo siento yo por ti". Pretendió abofetearme, pero sus dedos rozaron la superficie de cristal y de hielo sin tocar más que la reproducción de sus propias uñas. Me miré en sus ojos de helechos y le sonreí, a medias burlona, a medias sincera. Ella también se rió. Creo que se reía de sí misma. No me extraña.
Y tú, ¿de qué tienes miedo?
Se sentó junto a los cisnes muertos y se acarició delicadamente la piel, casi como si se tuviese lástima. Su cuerpo blanco se confundía fácilmente con la nieve y en el aire había un reflejo oscuro de sus cabellos. Estaba desnuda. No, no sé por qué estaba desnuda, aunque en ese momento comprendí que era así como debía estar. Quizá porque yo la miraba y ella me miraba a mí. Qué horrible vista era la de sus pupilas vacías, dos balas perdidas de una guerra que había terminado mucho tiempo atrás.
-Triste reflejo de plata, ilusión tímida en este atardecer de hielos -me susurró, arañando débilmente mi rostro de agua con la punta de sus uñas moradas-. La poesía ha muerto. No sirve. Las palabras no sirven, son palabras. Ha muerto mi lenguaje y ha muerto mi espíritu de cieno. Ha muerto mi boca, que ya no sabe qué decir para tocarla, porque se ha equivocado siendo ella. Ha muerto mi tierra y mi valle escarpado, coronado de rosas y de mieles amargas.
Se rió. Tenía una risa rota, quebrada en mil pedacitos diminutos, que se derramaba hilo a hilo, madeja a madeja de seda y oro. Lloraba con su risa oscura, pero yo sabía que no me dejaría beber sus lágrimas. Ya bastaba con las mías.
-Ha muerto la poesía -volvió a reírse, se levantó y alzó los brazos, ensayando una pirueta sobre el hielo y la nieve-. Ha muerto el veneno de mi lengua, porque no basta para llenar de aire amarillo mi corazón de plomo. ¿Qué importa ya mi clamar mudo? No sé hablar. Las palabras no sirven, son palabras. Y aunque busque mi alma la expresión máxima, se hunde en la tierra y en la sangre, se anega de vacío y de silencio. Duele. El peso del mundo es demasiado grande para un solo hombre, y yo soy una mujer. No quiero ser Atlas. No quiero ser Dionisio coronado de pámpanos. No quiero ser Atenea en su altar de la sabiduría. Yo quiero ser Prometeo y sufrir mi castigo por siglos, y expiar mi culpa verdadera junto a las voces verdaderas y olvidadas. Quiero pedir perdón -pedir perdón, a ti, triste reflejo de plata- y cantar mi agonía de lunas. Ha muerto la poesía y todos debemos danzar en torno al túmulo. Así que levántate. Ven, coge mi mano. Rásgate las ropas y danza, pues ha muerto la poesía. Debo apurar hasta la última gota de este cáliz de hiel, que calma mi sed y me doblega, que me ata y me conduce a la cruz blanca, mil diamantes de anhelo y de nube. Allí, cordero de un dios sacrílego, sacrificio negro al azul del agua, esperaré la hora de descender al sepulcro. Besaré los picos de los cuervos y gritaré, tan fuerte que nadie podrá oír mi voz reseca.
Elí, elí, lemà sabachtaní?


Notas finales: Ejercicio literario a partir de una canción, You're loved. Las citas en cursiva son, respectivamente, de:
-Nocturno, de Rafael Alberti.
-Una casa de granadas, de Oscar Wilde.
-Evangelio según Juan. Significa Dios mío, dios mío, ¿por qué me has abandonado? Me ha impresionado siempre. Mucho.
El cuadro es de Dalí. Siempre me ha marcado. Primero, por la posición del crucificado. Y especialmente -amén de la composición y los detalles técnicos- por el papelito en blanco sobre la cabeza del hombre. No pone INRI; no pone nada. Podría ser cualquiera -podríamos serlo todos los seres humanos- quien colgase de la cruz. Puede colgar esperando mi nombre -o el tuyo, triste reflejo de agua- desde hace demasiado tiempo. Puede que ya esté escrito. Puede que yo sea el hombre de la cruz y, en ese caso, sería mi propio dios. Eso demostraría que dios se equivoca; siempre.

lunes, 9 de agosto de 2010

Porqués Cariacontecidos

Y la noche cayó por su propio peso, sirviendo de siete velos para tus besos.
Temblaban en el último instante de tu sol las alas muertas de una mariposa
que aleteaban hacia el horizonte, buscando porqués que nadie pudo darles.
Porqués de fuego, de escarcha, de tiempo.
Porqués rotos al borde del abismo, porqués que nadie espera, y que todos ansían.
Porque los porqués de la mariposa, son sólo proyecciones de sombra, que no existen, que no respiran, que sólo mantienen su melancolía. Honda.
Melancolía eterna de aguas celestes, oscuras, y de sangre quieta. Pero tu sol, ¡tu sol! De mil agonías rasgadas por el grito de lo inefable, por el susurro cálido de las noches de Arabia.
Arabia que fue arena en tu recuerdo, rascando y descascarillando los restos de tu cariño. Que cayeron en un balde, el balde del que bebió su hambre. Hambre de tierra firme, y de que todo fuera oasis.
Mas tú lo sabías, tú llevabas aquellas palabras grabadas en tu carne de diosa. Que no era siglo de oasis ni de aguas del Norte, sino de silente sed en un desierto de ausencias, donde ni la rosa blanca, ni la margarita impura, abrían sus pétalos a la luz crepuscular.
Y tú lo sabías, oh ladino susurrar del viento. Mientras me convencías que no era sino oasis, lo que faltaba en mi aliento. Y alentando, alentando en el alma, me condujiste a noches de sufrimiento. Más me diste también felicidad, mezquina hoja cimbreante con doble filo y doble verbo.
Y tú lo sabías, oh reír de las aguas del arroyo encerradas en el viejo cántaro de barro. Susurrabas palabras de oro y de ámbar, tintando de púrpura las huellas del tiempo en el retrato inmortal del espíritu. Dibujabas con tu mano de espigas y arena sobre mis palabras, aquellas que en tu nombre invocaban la más sublime de las decadencias.
Y tú lo sabías cuando, juez y verdugo, espada y cáñamo, te abatiste sobre mi esperanza. Otrora verde, otrora encendida. Otrora un rescoldo, una salida. Y la cercenaste, y la laceraste. Y bajo tu tacón se estrelló mi retrato. Esquirlas, sólo quedan esquirlas, de lo que un día he sido y he soñado. Esquirlas, sólo quedan esquirlas de polvo atormentado.
Y yo lo sabía. Certeza pálida de amanecer perdido en los desiertos de Libia, donde no existe sino sol y hambre de luna. Certeza de vientos escarchados, cristales de la cansada bailarina que yacen en el suelo, palabras grabadas en el perfume del terciopelo. Una noche de negro manto, pues yo lo sabía. Y no existe hoy sino penar y ausencia, silencio de sepulcros de cal hendido por la hoja fría de la muerte.
Y yo lo sabía, cuando, torpe y quizá cegado, me abandoné a tus brazos. ¿No comprendes que en ese momento, disfrutaba estando encadenado? Pero tú fuiste grieta, y fuiste halo. Fuiste despertar amargo. Y entonces mis cadenas tintinearon, y las vi, nítidas, tanto como mi desengaño. Y cayó la ceguera. Y se alzó el deambular desesperado. Y cayó tu imagen. Y se alzó un halo de alquitrán entreverado.
Mas eran de acero y de cobre, de metales templados en tus besos de anhelo. Ah, momento antiguo en que ansié tus ataduras y deseé encontrar mi ser frágil frente a tus ojos de gacela. Extiendo mi espíritu quebrado, cielo de estrellas y lunas contrarias. No vuelo. Mis palabras de idólatra adoran tu estatua, tu imagen de cordero falso entre ámbar y sangre. Son de acero y de cobre, de metales templados en tus besos de anhelo. Y, aunque respiro, no vivo si no es entre las cadenas áurea de tu pecho.
No vuelo, me arrastro. Y martilleo las cadenas de mi sino enamorado. No vuelo, me enfango y recuerdo las caricias que repartías con tus manos, sobre este cuerpo ya repudiado, ya desconocido, ya lejano.
No vuelo, sólo me arrastro, sobre trozos de cristales que mis ojos han llorado, sobre aguas de caudales que tu desidia ha descauzado. Ya no vuelo, mis alas bajo tus recuerdos, enterradas han quedado. Ya sólo me arrastro, lejos, donde no puedas oír mis llantos. Ya no vuelo, sólo me arrastro, mordiendo las rosas, al filo de tus porqués traicionados.

Nota final: Es la primera vez que hago esto. La primera vez que escribo una suerte de poema en prosa (o algo parecido) en compañía de otra persona. Ha sido un pequeño proyecto llevado a cabo con Moi, un increíble señorito al que conozco desde hace poco y que se ha ganado un lugar en mi espíritu de pergaminos viejos, teclados y musicalidades extrañas. Creo que no estaríamos compartiendo estos graznidos de cuervo míos y esos bonitos versos tuyos de no ser porque tú portabas aquella libreta violácea y yo, mi inseparable Moleskine. Qué casualidad, ¿no? He de decir que ha sido hermoso redactar de esta manera y que querré repetirlo, en breves.

viernes, 9 de julio de 2010

Cólera de Césares

El hombre pálido, a lo largo de los céspedes floridos,
camina, vestido de negro, con el cigarro en los dientes:
El hombre pálido piensa en las flores de las Tullerías
-Y a veces sus apagados ojos tienen miradas ardientes.

El Emperador está borracho de sus veinte años de orgía
y se dice: 'Voy a soplarle a la libertad
muy suavemente, lo mismo que a una vela'.
¡La libertad revivió! ¡Él se sintió extenuado!

¡Está conmovido! -Oh, ¿qué nombre en sus mudos labios
se estremece? ¿Qué lamento impecable le remuerde?
Nunca lo sabrá. El Emperador tiene la mirada muerta.

Piensa acaso de nuevo en el compadre de las gafas...
-Y contempla escaparse de su cigarro encendido,
como en las noches de Saint-Cloud, una fina nube azul.

[Arthur Rimbaud]


Por alguna razón que desconozco, este poema me estremece, me eleva a la euforia, me arrastra a la melancolía y me acaricia en una espiral decadente hasta un punto que no sabría definir con claridad. Son los versos del autor francés que me han fascinado de una manera más clara, y contra eso no existe cosa alguna que pueda hacer o pretextar.

lunes, 28 de junio de 2010

Y Rilke decía...

Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí. Anteriormente le preguntó a otros. Los lleva a las revistas. Los coteja con otros, y se preocupa porque algunas reacciones los rechazan. Entonces (como usted me ha permitido aconsejarlo), le suplico que abandone eso. Usted mira hacia fuera, y es precisamente lo que no debe hacer ahora. Nadie puede aconsejarlo ni ayudarlo, nadie. Solamente existe una manera: entre en sí mismo. Descubra el fundamento que lo lleva a escribir; investigue si tiene raíces en el lugar mas profundo de su corazón; reconozca si para usted sería necesaria la muerte en caso de ser privado de escribir. Esto ante todo: pregúntese en la hora más callada de la noche: ¿debo escribir?. Busque en lo mas profundo de sí mismo la respuesta. Y si ésta es afirmativa, si enfrenta esta grave pregunta con un seguro y sencillo "debo", siendo así, edifique su vida conforme a tal necesidad: su vida, aún en la hora mas insignificante y pequeña, debe ser signo y testimonio de ese acto. Entonces, trate de expresar como el hombre primigenio lo que ve y siente, lo que ama y pierde.

Nota final: Todo está resultando demasiado extraño. Verano. Verano. Verano y existencialismo. Y estas inestabilidades. Tengo tanto y tan poco; este conjunto de dudas y de recuerdos que no me deja avanzar. Al menos han reaparecido las ganas de escribir. Quizá cambie de blog. Quizá.

miércoles, 23 de junio de 2010

"Tienes ante ti a un poeta. Te preguntarás por qué voy vestido tan pobremente; precisamente, porque la pasión por el arte jamás ha enriquecido a nadie. No comprendo el porqué, pero la pobreza ha sido siempre hermana del genio [...] Las obras que ves en esta pinacoteca delatan el actual letargo... obras así nadie sabe plasmarlas hoy. Y, ¿por qué ha sido provocada esta revolución? Por la avidez de dinero. Tiempo atrás, el ideal de los hombres era la virtud pura y simple, y, por ello, florecían las artes. Eudosio envejeció en una montaña estudiando los astros, Lisipo observó toda la vida la misma pauta y murió de hambre. Nosotros, en cambio, entre vino y rameras, ni siquiera sabemos distinguir las obras maestras. Pero, ¿dónde está la dialéctica? ¿Qué se ha hecho de la astronomía? ¿Dónde está la filosofía que una vez fue camino real? Ah, no te sorprendas, joven amigo, de que la pintura esté acabada, ya que es más bello a nuestros ojos un montón de dinero que todas las obras de Apele de Fidias".


¿Por qué me parece tan actual? ¿Por qué me deja con un gesto extrañamente meditativo? ¿Por qué me inspira de forma natural un texto propio? ¿Por qué me hace pensar en actitudes creadoras y reglas sociales? ¿Por qué me parece merecedor de visionado y lectura, y alabanza? Lo más importante: ¿por qué cada vez que inicio un período vacacional, veo de nuevo Fellini Satyricon? Ah, este verano, en cambio, toca Visconti a fondo.

miércoles, 16 de junio de 2010

Rex sedet in vertice...

Sors immanis
et inanis,
rota tu volubilis,
status malus,
vana salus
semper dissolubilis,
obumbrata
et velata
michi quoque niteris;
nunc per ludum
dorsum nudum
fero tui sceleris.


Fortune rota volvitur:
descendo minoratus;
alter in altum tollitur;
nimis exaltatus
rex sedet in vertice
caveat ruinam!,
nam sub axe legimus
Hecubam reginam.

Y esto es cosa de poemas de hace unos cuantos siglos, una obra genial de Carl Orff y una sensación sumamente extraña. ¿Quién puede olvidarse de esta versión cinematográfica?

domingo, 13 de junio de 2010



"[...] El mundo no se cansa de denunciarnos a los dos, pero a ti siempre te ha rendido culto. Y siempre lo hará. Eres el prototipo de lo que busca esta época nuestra y tiene miedo de haber encontrado. ¡Me alegro muchísimo de que nunca hayas hecho nada, de que nunca hayas tallado una estatua, ni pintado un cuadro, ni producido nada distinto de tu persona! La vida ha sido tu arte. Has hecho música de ti mismo. Tus días son tus sonetos.

Dorian se levantó del piano y se pasó la mano por el cabello.

-Sí; la vida me ha dado placeres exquisitos -murmuró-, pero voy a cambiar, Harry. Y no debes hacerme esos elogios tan excesivos. No lo sabes todo. Creo que si lo supieras, también tú te alejarías de mí. Ríes. No debieras hacerlo.

-¿Por qué has dejado de tocar, Dorian? Vuelve al piano y obséquiame otra vez con ese nocturno. Contempla la enorme luna color de miel que cuelga en la oscuridad. Está esperando a que la encandiles, y si tocas se acercará más a la tierra. ¿No quieres? Vayámonos entonces al club. Ha sido una velada deliciosa y debemos acabarla de la misma manera. Hay alguien en el White que tiene un deseo inmenso de conocerte: se trata del joven lord Poole, el hijo mayor de Bournemouth. Ya te ha copiado las corbatas, y ahora me suplica que te lo presente. Es un muchacho encantador y me recuerda mucho a ti.

-Espero que no -dijo Dorian, con una expresión triste en los ojos-. Lo cierto es que esta noche estoy cansado, Harry. No voy a ir al club. Son casi las once y quiero acostarme pronto.

-Quédate, por favor. Nunca habías tocado tan bien como esta noche. Había algo maravilloso en tu estilo. Resultaba más expresivo que nunca.

-Eso se debe a que voy a ser bueno -respondió él, sonriendo-. Ya he cambiado un poco.

-Para mí no puedes cambiar -dijo lord Henry-. Tú y yo siempre seremos amigos.

-En una ocasión, sin embargo, me envenenaste con un libro. Eso no lo olvidaré. Harry, prométeme que nunca le prestarás ese libro a nadie. Hace daño.

-Mi querido muchacho, es cierto que estás empezando a moralizar. Muy pronto saldrás por ahí como los conversos y los evangelistas, poniendo a la gente en guardia contra todos los pecados de los que ya te has cansado. Eres demasiado encantador para hacer una cosa así. Además, no sirve de nada. Tú y yo somos lo que somos, y seremos lo que seremos. En cuanto a ser envenenado por un libro, no existe semejante cosa. El arte no tiene influencia sobre la acción. Aniquila el deseo de actuar. Es magníficamente estéril. Los libros que el mundo llama inmorales son libros que muestran al mundo su propia vergüenza. Eso es todo. Pero no vamos a discutir sobre literatura".

[El retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde]

Nota final: Sí, naturalmente deseo ir a ver la nueva película. Sí, en el fondo sé que me decepcionaré un poco, que Wilde es Wilde, y demasiado grande. Sí, estos días realmente no sé ni quién soy. Sí, la literatura me calma.

lunes, 24 de mayo de 2010

Porque Orlando era un poco torpe

Pronto cubrió de versos diez y más páginas. Era sin duda un escritor copioso, pero era abstracto. El Vicio, el Crimen, la Misericordia eran los personajes de su drama; había Reyes y Reinas de territorios imposibles; horrendas conspiraciones lo consternaban; sentimientos nobles lo inundaban; no se decía una palabra como él mismo la hubiera dicho; pero todo estaba enunciado con una fluidez y una dulzura que, considerando su edad -estaba por cumplir los diecisiete- y el hecho de que el siglo dieciséis tenía aún muchos años que andar, era asaz notable. Sin embargo, al fin hizo alto. Describía, como todos los poetas jóvenes siempre describen, la naturaleza, y para determinar un matiz preciso de verde, miró (y con esto mostró más audacia que muchos) la cosa misma, que era arbusto de laurel bajo la ventana. Después, naturalmente, dejó de escribir. Una cosa es el verde en la naturaleza y otra en la literatura. La naturaleza y las letras parecen tenerse una natural antipatía; basta juntarlas para que se hagan pedazos. El matiz de verde que ahora veía Orlando estropeó su rima y rompió su metro. Además, la naturaleza tiene sus mañas. Basta mirar por la ventana abejas entre flores, un perro que bosteza, el sol que declina, basta pensar 'cuántos soles veré declinar', etcétera, etcétera (el pensamiento es harto conocido para que valga la pena escribirlo), y uno suelta la pluma, toma la capa, sale fuera de la pieza, y se golpea el pie en un arcón pintado. Porque Orlando era un poco torpe.

[Orlando, de Virginia Woolf
Traducción de Jorge Luis Borges]


Nota final: No diré nada. El tiempo es mi voz. El se oscurece, brilla, desahoga su rabia en lluvia de cristal y abrasa con su calor. Se parece a mí. A mis cambios. A mi inestabilidad. Hoy le he dicho una verdad muy grande a alguien, a causa de una tontería. Lo que hay detrás de mis ojos es, desde hace tiempo, eso que Lorca llamaba el mar que deja de moverse. Y entonces es cierto. ¿Qué? Que no existen más palabras que pronunciar acerca de una realidad de dos caras frías, de verde y de oscuridad de bosque.

jueves, 20 de mayo de 2010

Rus de Kiev

—Rus de Kiev —dijo el maestro. Rus de Kiev.
Un insoportable horror hizo presa en mí. Sin poder
contenerme, respondí:
—Está en ruinas, se ha quemado. Ese lugar no existe.
No está vivo como Venecia. Es un lugar en ruinas, frío,
sucio y desolado. Sí, ésa es la palabra. —Estaba
mareado. Creí distinguir una ruta de escape de aquella
desolación, pero era fría y oscura, una ruta tortuosa que
conducía a un mundo de eternas tinieblas donde el único
olor que emanaba de las manos, la piel y la ropa era el
olor a tierra.
Me aparté de la mesa y salí precipitadamente de la
habitación. Atravesé todo el palacio a la carrera. Bajé la
escalera corriendo y crucé las estancias inferiores que
daban acceso al canal. Cuando regresé, hallé al maestro
solo en la alcoba. Estaba leyendo, como de costumbre.
Leía el libro que le había impresionado más
recientemente, Consolación de la filosofía, de Boecio.
Cuando entré, alzó la vista del libro.
Me detuve en el umbral, pensando en mis recuerdos
dolorosos. No conseguía atraparlos. ¡Paciencia! Se
desvanecían en la nada como hojas en un callejón, las
hojas que el viento acumula sobre los tejados y a veces
se deslizan por las tapias verdes de los jardines.
—No quiero —dije de nuevo.
—Algún día lo recordarás con claridad, cuando tengas
la fuerza suficiente para sacar provecho de ello —repuso
él, cerrando el libro—. Pero ahora deja que yo te
consuele.


[
Armand el Vampiro, Anne Rice]

miércoles, 12 de mayo de 2010

Poema doble del lago Edén

Me asombra la manera en la que mis fragmentos favoritos de Lorca se acomodan mágicamente a cada uno de mis estados de ánimos, de manera que se convierte en el que el poeta al que regresar con el dardo hundido en el pecho, con la soledad de calles y de masas, con las granadas abiertas y sangrantes o con la mirada de negrura y amargas hierbas al pasado. Poema doble del lago Edén me impresionó desde la primera vez que lo leí. De Poeta en Nueva York, creo que siempre volveré a él, que siempre estará ahí, agazapado entre pilas de notas a pie de página de mi existencia, para que regrese en cuanto resulte necesario. Hoy es uno de esos días-

Poema doble del lago Edén

Nuestro ganado pace,
el viento espira
(Garcilaso)


Era mi voz antigua
ignorante de los densos jugos amargos.
La adivino lamiendo mis pies
bajo los frágiles helechos mojados.

¡Ay voz antigua de mi amor,
ay voz de mi verdad,
ay voz de mi abierto costado,
cuando todas las rosas manaban de mi lengua
y el césped no conocía la impasible dentadura del caballo!

Estás aquí bebiendo mi sangre,
bebiendo mi humor de niño pesado,
mientras mis ojos se quiebran en el viento
con el aluminio y las voces de los borrachos.

Déjame pasar la puerta
donde Eva come hormigas
y Adán fecunda peces deslumbrados.
Déjame pasar, hombrecillo de los cuernos,
al bosque de los desperezos
y los alegrísimos saltos.

Yo sé el uso más secreto
que tiene un viejo alfiler oxidado
y sé del horror de unos ojos despiertos
sobre la superficie concreta del plato.

Pero no quiero mundo ni sueño, voz divina,
quiero mi libertad, mi amor humano
en el rincón más oscuro de la brisa que nadie quiera.
¡Mi amor humano!

Esos perros marinos se persiguen
y el viento acecha troncos descuidados.
¡Oh voz antigua, quema con tu lengua
esta voz de hojalata y de talco!

Quiero llorar porque me da la gana
como lloran los niños del último banco,
porque yo no soy un hombre, ni un poeta, ni una hoja,
pero sí un pulso herido que sonda las cosas del otro lado.

Quiero llorar diciendo mi nombre,
rosa, niño y abeto a la orilla de este lago,
para decir mi verdad de hombre de sangre
matando en mí la burla y la sugestión del vocablo.

No, no, yo no pregunto, yo deseo,
voz mía libertada que me lames las manos.
En el laberinto de biombos es mi desnudo el que recibe
la luna de castigo y el reloj encenizado.

Así hablaba yo.
Así hablaba yo cuando Saturno detuvo los trenes
y la bruma y el Sueño y la Muerte me estaban buscando.
Me estaban buscando
allí donde mugen las vacas que tienen patitas de paje
y allí donde flota mi cuerpo entre los equilibrios contrarios.

domingo, 9 de mayo de 2010

Uno de los poetas malditos...

Me hubiera gustado demasiado conocer a Arthur Rimbaud. Sentarme en un café parisino con él y pedirle que me recitase uno de sus poemas. O, quizá, preguntarle acerca de lo que sólo él sabía de su relación con Verlaine. Tal vez pedirle una teoría original y auténtica acerca del decadentismo, no una de esas banales afirmaciones de crítico actual que roza fugazmente un estilo y no llega a vivir su más pura esencia. Es probable que le hubiese extendido un bolígrafo para que firmase bajo su nombre en un ejemplar de Los poetas malditos. Interesarme por sus inicios literarios y susurrar un par de palabras admirativas hacia su artística precocidad. Sugerirle que calificase con una palabra a Baudelaire y me hablase de sus versos favoritos de este autor. Y, más tarde, supongo que estrecharle gentilmente la mano y decirle que le admiro. Mucho.


Yo vi los archipiélagos siderales que el hondo
y delirante cielo abren al bogador.
¿Te recoges tú y duermes en las noches sin fondo,
millón de aves de oro, venidero vigor?

El acre amor me ha henchido de embriagador letargo.
Lloré mucho. Las albas son siempre lacerantes.
Toda luna es atroz y todo sol amargo.
¡Que se rompa mi quilla y vaya al mar cuanto antes!

Si yo ansío algún agua de Europa es la del charco
negro y frío en el cual, al caer la tarde rosa,
en cuclillas y triste, un niño suelta un barco
endeble y delicado como una mariposa.


¿Sabéis cómo descubrí la literatura de Rimbaud? Fue una tontería. Una frase. Le coeur volé, palabras cuyo significado desconocía. Indagando, resultó ser uno de sus primeros poemas. El corazón robado; conociendo la historia, todavía sigue dejándome un regusto a medias amargo, a medias profundo. Ya sabéis, aquello que por el medio incluía ese Oleajes abracadabrantescos tomad mi corazón, que sea salvado y acababa con ¿Cómo actuar, oh corazón robado?

Nota final: Complicado. Unas horas complicadas, pero en estos momentos me resulta indiferente. Tengo ganas de jugar a verme en el centro. Y, a lo tonto, no hago más que escuchar HIM. Rimbaud me está animando... volveré a Baudelaire y su simbolismo en menos que se pronuncia la palabra 'poeta'. Buscando El barco ebrio para poder copiar un fragmento, me he enterado (¡Bendita Wikipedia!) que hay una película sobre el escritor, centrada en su relación con el también autor Paul Verlaine. Creo que la veré; espero que no sea una suerte de cotilleo histórico-literario. Necesito algo que inspire y llene.

jueves, 6 de mayo de 2010

Yo fui

Así escribía Luis Cernuda en Donde habite el olvido. Y a mí me emociona más cada día.

Yo fui.

Columna ardiente, luna de primavera.
Mar dorado, ojos grandes.

Busqué lo que pensaba;
pensé, como al amanecer en sueño lánguido,
lo que pinta el deseo en días adolescentes.

Canté, subí,
fui luz un día
arrastrado en la llama.

Como un golpe de viento
que deshace la sombra
caí en lo negro, en el mundo insaciable.

He sido.

viernes, 30 de abril de 2010

A las cinco de la tarde...

Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.
Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.

El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.
El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.
A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.
Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.

Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde
.



¿Por qué me emociona tanto? ¿Es la música? ¿Es el fragmento del poema en sí? ¿Es el drama de la muerte de Lorca que todavía quiebra?

jueves, 29 de abril de 2010

Te lego...

Pero a ti sólo puedo hacerte heredero de aquello que yo tuve... Te lego la poesía. Te lego las estaciones, sobre todo la primavera y el verano; te lego el viento desencadenado, el sol y la luna; te lego el mar apacible, incluso la tierra que habitamos; las montañas, los ríos y las grandes nubes que viajan majestuosas y livianas. Tú las mirarás y tal vez te acuerdes de la breve amistad. Te lego los árboles y los ágiles seres que en ellos moran, el amor, las lágrimas, la alegría, las estrellas; te lego los sonidos, los cantos, los rumores, la voz de las personas, que es la música más armoniosa...

[Fellini Satyricon, de Federico Fellini.
Film del 1969; extracto del minuto 47-48]



Y es inevitable. Cada vez que veo Satyricon, me gusta más, y más. Como todo en Fellini. Un fascinante, exquisito y provechoso redescubrimiento.

sábado, 17 de abril de 2010

Y es extraño...

Este fin de semana parece uno de esos períodos de tiempo tan irreales que es imposible pensar que tienen que ver con la propia vida. Jugar con la realidad, crear varias ficciones necesarias y un par de oscuridades cubiertas de nebulosa, es algo considerablemente peligroso. No quiero detenerme a pensar. No tengo el más mínimo interés en reflexionar acerca de lo que pasará mañana, o en imaginar mi posible caída emocional de dentro de unas pocas horas, o mi posterior euforia. Están siendo unos días sumamente extraños, donde se mezcla una extraña angustia ante la idea de perder lo que no se cree perdido y una latente necesidad de correr durante horas hacia ninguna parte.

Entre libros, música, apuntes y unas cuantas preguntas que formular acerca de la homosexualidad de un autor gallego, cruzo estas horas en una barca inestable. El día ha estado teñido de la perfección de las bailarinas de cristal a las que basta un soplo de brisa para caer al suelo y quebrarse. Y, sin embargo, he tenido una hermosa tarde, con vosotros. Me conozco demasiado bien -decir esto posiblemente signifique que no me conozco en absoluto- como para afirmar que lo que más me perjudica en estos instantes es la tentación de encerrarme y sumergirme en mi mundo, como un oso hibernando o una oruga oculta en su crisálida.

Lo prometido es deuda. Ayer escribí que pensaba emprender esa iniciativa de publicar una imagen y breve comentario de los libros que han llegado recientemente a mí. Me considero una persona de palabra, de modo que con la venia de mi triste y maltratado cable USB, empezaré por la imagen:


He conseguido los dos en un rastrillo, que parece haberse convertido en uno de mis lugares predilectos para encontrar libros interesantes. Desde novelas históricas hasta libros de arte, desde clásico de la literatura hasta fotografía alternativa... simplemente sería feliz viviendo durante varios días en una de estas tiendas de segunda mano, que a veces lo son también de primera. Paso a comentar mis pequeñas adquisiciones. Almodóvar, mon amour, fue seleccionado fundamentalmente por mi creciente acercamiento al cineasta, del cual todavía no he visto toda la filmografía. Me llamó la atención el enfoque del libro y decidí comprarlo. Madame Bovary se reveló una elección mucho menos racional. Había oído hablar del texto y había leído críticas, incluso en mi libro de texto, pero nunca me había decidido a aproximarme a él. Me pareció un buen momento, ¡y aquí me tenéis! Creo que leeré en primer lugar el que versa sobre Almodóvar.

Y, para acabar, debo añadir -pues hoy, para vuestra suerte y mi desgracia, no haré uno de mis patéticos ensayos literarios- una pequeña referencia al CD que estoy escuchando ahora, lo nuevo de Mägo de Oz. No me extenderé realizando aquí una crítica -quizá en otro momento, otro lugar, otro estado de ánimo- pero he de decir que, aunque en esencia no me haya gustado, sí existen partes interesantes. Me ha encantado este fragmento en lo que a mensaje se refiere de Atlantia:

Durante miles de años, los seres humanos hemos podido disfrutar del mejor regalo que los dioses pudieron hacer a ningún ser vivo: la brisa, el viento, el hermano sol y la hermana luna, campos y praderas donde ver crecer a nuestros hijos, amaneceres bañados con el perfume que estornudan las flores de primavera, puestas de sol decoradas con los sueños aún por conseguir y, aunque parezca mentira, inteligencia. Pero el hombre blanco despreció aquel tesoro y, a medida que la vida le sonreía, él le contestaba dándole patadas al destino. Si alguien lee esta carta, que no olvide que el fin de esta civilización se debió al egoísmo, codicia e incultura de la raza humana. Los hombres ya no somos mamíferos; el ser humano no se convirtió en depredador, la raza humana es simplemente un virus: matamos, crecemos y nos multiplicamos. Por eso nos extinguimos, por eso las aguas se tragaron nuestra civilización, la verdadera Atlántida éramos nosotros [...] Cuando los hombres escupen al suelo, se escupen a sí mismos.

miércoles, 7 de abril de 2010

Sí, como un loco

Hay pocos artistas que me hayan llegado tan profundamente como Pier Paolo Pasolini. Descubrí su obra a causa de su faceta de cineasta, me fasciné con sus Cuentos de Canterbury, redescubrí a Medea en la interpretación de Maria Callas, lamenté su pronto e injusto final y, más adelante, me sumergí en su literatura. Poesía, ensayo casi político, ideas estéticas, narrativa... todo en Pasolini merece una revisión. Especialmente sus películas, para qué negarlo. Una de ellas está basada en una novela del mismo director, ¿se puede pedir mayor armonía entre la idea original y su reinterpretación? En el fondo, se trata de lenguajes diferentes, pero no es difícil sucumbir a la tentación de ver o leer una vez más el genial Teorema. Hoy lo he recordado, he vuelto a ver la película y me he decidido a copiar uno de mis fragmentos favoritos. ¿Una sugerencia? Descubrid a Pasolini -y a Fellini- en italiano, siempre en versión original.

"Es muy grande el montón de dibujos y pinturas dentro del cuarto de Pedro, que ha vuelto a las pequeñas dimensiones y por eso ha regresado al in­terior. Inspirado, enloquecido, arrebatado, el mu­chacho está inclinado, de rodillas, sobre su mate­rial que, esta vez, está apoyado sobre una especie de atril. Y como ese material es transparente, po­dría verse a Pedro a través del cuadro que pinta. Cuando acaba de pintar el primer vidrio, en silen­cio, Pedro apoya sobre él un segundo vidrio, de manera que sobre el primer cuadro, monocromo, se transparente la monocromía del segundo.
Durante esta operación, los movimientos de Pe­dro son mecánicos e inspirados; su voz, que los comenta infatigable, ha perdido todo color: baja, apenas perceptible, sigue puntualmente los movi­mientos.
Hay que inventar nuevas técnicas que sean irreconocibles, que no se parezcan a ninguna operación precedente, para evitar así la puerilidad y el ridículo. Hay que construirse un mundo propio, con el cual no haya comparaciones posibles. Para el cual no existan medidas de juicio anteriores. Las medidas deben ser nuevas, como la técnica. Ninguno debe entender que el autor no vale nada, que es un ser anormal, inferior, que es como un gusano que se retuerce para sobrevivir. Ninguno debe pescarlo en falta de ingenuidad. Todo debe presentarse como perfecto, basado sobre reglas desconocidas y, por lo tanto, imposibles de juzgar. Como un loco; sí, como un loco. Vidrio sobre vidrio, porque Pedro no es capaz de corregir, pero ninguno debe advertirlo. Un trazo sobre un vidrio corrige, sin ensuciarlo, otro trazo antes pintado sobre otro vidrio. Pero todos deberán creer que no es el ardid de un incapaz, de un impotente, sino una decisión resuelta, impertérrita, altiva y casi feroz: una técnica apenas inventada y ya in­sustituible. O bien celofán o gasa pegados sobre vidrio, y el todo transparente sobre unos cuantos trazos que, por casualidad, han salido bien sobre el cartón, después de mil ensayos penosos y mil otros cartones desgarrados.
Nadie debe saber que un trazo sale bien por ca­sualidad. Por casualidad, con temor: y que cuan­do un trazo, por milagro, sale bien, hay que pro­tegerlo y custodiarlo como en una reliquia. Pero nadie, nadie debe advertirlo. El autor es un pobre idiota tembloroso. Un desecho. Vive en el azar y el riesgo, avergonzado como un niño. Ha redu­cido su vida a la absurda melancolía de quien vive degradado por la impresión de algo perdido para siempre".

[Teorema, Pier Paolo Pasolini]


lunes, 18 de enero de 2010

Berra Stevo ao auditorio...

Mentres existan homes, existirán as palabras, ¿non o sabedes? ¡Por iso eu resucito a poesía! -Berra Stevo ao auditorio, presa dunha escura paixón que tiña adormecida, sexo e morte, Eros e Tánatos fundidos, a fin violando ao principio.

[Soños eléctricos, Ramón Caride Ogando]

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Mortatis animus solum est

Existe música convertida en eterna, música que pretende acercarse a esa eternidad y música sencillamente inefable. Dudo que alguien pueda describir con palabras y de ajustado modo este concierto.

Mortatis animus solum est.
Letalis animus concidamus unis.
Osstendo malum, osstendo lux.
Anima mortatis eternum est.

Anima irata belli somnium.
Anima quiesa evitae somnium.
Anima mortatis eternum sunt.

Mortatis animus solum est.
Letalis animus concidamus unis.
Osstendo malum.


domingo, 27 de diciembre de 2009

A medio camino de París

Mientras tanto, Grenuille estaba a medio camino de París. Le quedaba suficiente perfume para esclavizar al mundo entero si hubiera querido. Habría podido entrar en Versalles y poner al Rey a sus pies. Habría podido escribir una carta perfumada al Papa y revelarse como el nuevo Mesías. Habría podido hacer todo esto y más si lo hubiera deseado. Poseía un poder más fuerte que el dinero, el terror o la muerte: el invencible poder de dominar el amor de la Humanidad.

Sólo había una cosa que el perfume no podía hacer. No podía convertirle en una persona capaz de amar y ser amada como las demás. Y pensó... Al diablo con todo, con el perfume y con él mismo.


[Extracto final de la película El perfume,
basada en la novela homónima de Patrick Suskind]

sábado, 19 de diciembre de 2009

In memoriam

"Porque este ansia divina, perdida aquí en la tierra,
tras de tanto dolor y dejamiento,
con su propia grandeza nos advierte
de alguna mente creadora inmensa,
que concibe al poeta cual lengua de su gloria
y luego le consuela a través de la muerte"

[
Elegía a un poeta muerto, Luis Cernuda]